María

miércoles, 16 de abril de 2008

Historias de la vida

Hace unos años, no mucho tiempo. En el año 2.000 mientras yo servía en la casa de los Mightowg, sucedió una historia, que aquí os contaré. Algunas personas dicen que fue un invento de la prensa, pero yo, empleada de la familia Mightowg sé que no.
El señor Mightowg, Chin-lu Mightowg era uno de los grandes empresarios de Miami. Era de la raza china, alto, moreno, musculoso y un nuevo rico. Estaba comprometido con Patricia Solís, la hija única, del jefe de la mayor constructora del país.
Todos en aquella casa sabíamos que era una boda concertada por sus familias, y en la que no había nada de amor.
Patricia Solís era diseñadora de moda. Siempre había tenido lo que quería. Penélope y Alberto, los señores Solís la habían consentido desde su infancia. Hasta aquel momento, cuando le comunicaron que tenía que casarse con el señor Mightowg. Ella se opuso rotundamente, pero esta vez no se saldría con la suya.
Chin-lu no quería a Patricia. Pero sus padres también le exigieron que se casara por el bien de su economía familiar. Él ya estaba enamorado de otra persona, pero lo mantenía en secreto. Nadie sabía quien era su amor secreto.
Poco a poco fue pasando el tiempo. La boda estaba muy próxima. Y todos en la casa estábamos haciendo preparativos. Se celebraría en la casa donde yo trabajaba. En su gran jardín. Todo estaba listo. Los trajes, la tarta, la orquesta, el catering, lo anillos, la decoración...Todo excepto los novios que no querían que aquel día llegara.
Pero ese día llegó, era el 3 de Junio. Era un día caluroso, soleado y muy agitado. La ceremonia comenzaba a las nueve en punto.
A las ocho, los invitados empezaron a llegar, todos de etiqueta. Eran en total 500 invitados, las personas más cercanas a la familia, gobernadores, alcaldes, presidentes... Había personas de las más influyentes del país, y la entrada a la prensa estaba denegada.
El cura era amigo de la familia de la novia, y era la primera boda que dirigía pues era muy joven y se había convertido en cura hacía escasos meses. Aquella boda, le daría prestigio y fama. Por cierto, su nombre era Ángel.
A las nueve, empezó la boda. Todo parecía muy aburrido, hasta que las mesas empezaron a temblar y alguien gritó:
_¡Terremoto!
Todos se resguardaron del peligro debajo de las mesas, hasta que paró el movimiento. Entonces la boda continuó como si nada hubiese pasado. Cuando Ángel dijo:
_ ... hable ahora o caye para siempre.
La secretaria de Chin-lu gritó:
_¡No se pueden casar porque yo soy la amante de Chin-lu!
Todos soltamos un gran:
_¡Ohh!-y empezaron a pelearse todos los invitados, pues unos defendían a Chin-lu y otros lo juzgaban duramente.
Entonces para nuestra sorpresa el cura dijo:
_Lo siento, no puedo seguir con esta farsa. Debo confesar la verdad¡Soy el amante de Patricia!
Las parejas salieron corriendo en dos coches; Chin-lu y Chan-lila en la limusina de los Mightowg. Patricia y Ángel fueron en el viejo Renault de Ángel.
Desde entonces no volví a saber nada de Ángel y Patricia. Rumorean que se casaron y viajaron a Europa.
Ahora sirvo a la señora de Mightowng, en su nueva mansión, en Nueva York. Han tenido dos gemelas, Chan-la y Chan-lu. En fin, me despido que las niñas están llorando...¡uff! Ahora tengo mucho más trabajo.

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